domingo, 26 de enero de 2020

PROCESO DE ORIENTACIÓN: PLANIFICACIÓN DEL PROYECTO PROFESIONAL

Cuando nos enfrentamos a un proceso orientador, es necesario seguir una serie de pasos que resulten coherentes con el desarrollo de nuestra acción orientadora, es decir, no tendría sentido, por ejemplo, iniciar el proceso de orientación con el diseño de un plan de acción, cuando todavía no se han analizado y/o planteado ni las necesidades ni los objetivos.

A continuación, tomando como referencia las fases de Sánchez García y Suárez Ortega (2018), expongo una serie de fases que deben estar presente en un proceso orientador:
  1. Recepción
  2. Análisis de necesidades
  3. Metas iniciales
  4. Exploración
  5. Reajuste de objetivos
  6. Diseño del plan
  7. Desarrollo del plan

En primer lugar, durante la etapa de recepción, conoceremos a la persona y valoraremos su caso, tras esto, pasaremos al análisis de necesidades que, a través de herramientas como el DAFO y la entrevista, nos permitirá obtener una visión global del contexto, definiendo elementos obstaculizantes y facilitadores.

Posteriormente, se plantearán unas metas iniciales y una vez identificadas, comenzará una fase de exploración. En esta fase, el individuo deberá desarrollar conocimiento de sí mismo y del entorno, estableciendo puentes y conexiones entre ambos, pues son dos caras de la misma moneda. Es importante, que la persona sea capaz de definir cuáles son sus recursos, sus competencias, sus potencialidades y debilidades en relación a sus objetivos, para así, tomar consciencia de donde partimos. Sin embargo, el autoconocimiento por sí solo no es suficiente, porque como hemos visto, crecemos en interrelación con el entorno, por lo que conocer las características de este y cómo nos puede afectar en relación con los objetivos planteados, será crucial.   

Una vez trabajada esta fase, iniciaremos una etapa de replanteamiento de objetivos, donde a través de lo trabajado anteriormente, identificaremos las necesidades en base a nuestras metas iniciales, reflexionaremos sobre las distintas opciones y en base a ello, ajustaremos nuestros propósitos.

Para su consecución, construiremos un plan de acción que posteriormente desarrollaremos. Es en esta última etapa, donde jugará un papel de vital importancia la evaluación y el seguimiento del plan, pues esto nos dará información sobre la eficacia de la acción orientadora y nos permitirá adaptar nuestra intervención, en base a los datos que obtengamos, a lo largo del proceso.

Por último, es importante recordar que la construcción de nuestro proyecto profesional y vital está presente a lo largo de la vida, por lo que podemos contemplar esta planificación como un ciclo en continuo movimiento, en el que seguiremos explorando, ajustando nuestros objetivos y diseñando nuevos planteamientos de acción para conseguirlos.

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